Aunque no seamos completamente conscientes de ello, Harry Dean Stanton forma parte del elenco estable de la cinefilia: Monte Hellman, Sam Peckinpah, John Huston, Ridley Scott, John Carpenter, Francis Ford Coppola, Wim Wenders y David Lynch son algunos de los directores que lo tuvieron a sus órdenes. Y sin embargo, hay un halo de misterio alrededor de su vida y sus ideas: poco se sabe de él, y casi nunca lo hemos escuchado hablar fuera de la ficción de sus películas. El documental de Sophie Huber es, en ese aspecto, revelador. Aun frente a su actitud reticente hacia ciertos temas –e incluso hacia la idea de un film sobre sí mismo–, Stanton parece permitir todo el acercamiento posible, como si se tratase de un viejo león en su hábitat natural. Ya sea entrevistado por su amigo David Lynch o hablando de su breve pero intensa relación con Rebecca de Mornay, que terminó cuando, en el set de Risky Business, ella se decidió por un joven Tom Cruise. Y también está la música, la otra parte central de su vida, que lo lleva a entonar algunas canciones con una voz tan única como esa cara que lo hizo inconscientemente reconocible. (PEL)(SUB)